Nuez vieja, cera de iglesia, penumbra.
El final no termina: deja sal en la lengua.
Tres inviernos para abrir la roca. El primer mosto entró antes que la luz eléctrica.
Nuez vieja, cera de iglesia, penumbra.
El final no termina: deja sal en la lengua.
Tres inviernos para abrir la roca. El primer mosto entró antes que la luz eléctrica.
Fruta escondida bajo el polvo, naranja amarga.
Tanino de seda vieja, aliento de cuadra noble.
La helada de mayo dejó media cosecha; la mula Clara subió entera la otra media. Aún guardamos sus herraduras.
Cereza en licor, tabaco de pipa apagada.
Amplio y luego estrecho, como la escalera de la bodega.
La primera botella con nuestro nombre. Corchada a mano, como todas desde entonces.
Ciruela negra, monte bajo tras la lluvia.
Cuatro capas que se abren por orden de edad.
El abuelo puso la mano en la solera y dijo: de aquí no se saca todo. Nunca.
Fruta fría, violeta, piedra mojada.
Nervio joven sobre fondo de bodega vieja.
Volvimos a vendimiar de noche, como en 1931. El frío guarda la fruta.
LA SACA
LE ESPERAMOS EN LA BODEGA · UNA CATA DE LA SOLERA Nº 1
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